26 de octubre de 2010

Divorcio entre amigos


Cada vez que hay una conversación triste en la que me entero de la separación de alguna pareja de amigos reafirmo que lo de la crisis de los 7 años es bastante cierto. No se trata de ningún tipo de maldición, sino es algo fincado en eventos vedaderamente calculables. Y es que las personas que andan juntas por años siguen creciendo, comparten puntos pivotales que los mantienen juntos, pero siguen creciendo. No siempre es en la misma dirección. Contrario a lo que Miguelito, el de Mafalda, decía: hay quienes crecen del obligo para arriba y los que crecen del ombligo para abajo. Así que la recomendación que hago a todas las parejas ahora es hacer una revisión de contrato cada cinco años, tiempo suficiente en el que se ha crecido y experimentado y vivenciado tanto que es necesario reconsiderar si las metas y el destino de ambos aún compagina o cómo hacer para que compagine.
Profesionalmente me parece que ocurre algo similar. Cada cierto tiempo (para cada gente funcionarán diferentes periodos) hay que hacer un análisis de conciencia y determinar para dónde apuntar el zapato. Hoy como parte del divorcio laboral que estoy atravesando, dejo de hacer ilustraciones para libros de texto. El divorcio es primeramente de la noción de que me voy a hacer 'más diseñador'. A partir de esta decisión, levanto velas con vistas a explorar las aguas de la comunicación y el desarrollo editorial. No me interesa hacerme un maestro en Flash® ni un gurú en 3D ni ser un gran ilustrador, pero me voy con esas herramientas a buscar un nicho específico y vacío entre lo editorial y lo gráfico.

Abandonar el nicho de las ilustraciones de libros de texto responde a varias dificultades que plantea este tipo de trabajo. Primero que nada, se trata de trabajo a destajo que representa una baja remuneración. Hay que entrar en una mentalidad maquiladora si quieres hacer 150 ilustraciones en 30 días (30, si tienes suerte), diluyendo toda creatividad -que es la principal moneda que tenemos para crecer-, al tiempo que diluyes tu carpeta con una muestra mínima de lo que puedes hacer. Generalmente te apegas a una lista o solicitud en Excel® tan específica que raya en lo ilógico y que está ceñida hasta la asfixia por criterios subjetivos ("la mamá debería verse más amable... el niño no parece de 8 años, se ve como de 9 o 10..."). Al final, no son onbstáculos ineludibles, pero no tengo la paciencia para cambiarlos y no los veo en mi destino.

Hoy veo más claro que nuevamente debo soltar la orilla de esas chambas 'seguras' y arriesgar el pellejo e invertir el tiempo en trabajos constructivos para mí. Fue una bonita relación y yo por lo menos, me llevo mucho aprendizaje. Le deseo lo mejor y sé que habrá quien la quiera igual o más que lo que lo hice yo, pero lo nuestro se acabó.