9 de septiembre de 2010

The long playlist


Mi compu, puesta a tocar de manera continua toda la música que hay en ella, tardaría 63 días 4 horas y 44 segundos para reproducir los 108 gigabytes de discos que he bajado, ripeado, copiado u ordeñado de un ipod, para alcanzar la suma de 23,141 canciones, o según la cuenta del itunes, 2004 discos... pufff. nomás de pensarlo me dio flojera pensar en poner algo.
En una encuesta en algún lado leí que la gente de dinero tenía una apreciación menor por las cosas sencillas de la vida, pero en el estado actual de las cosas, me parece que todos estamos en riesgo de perder la capacidad de sorpresa si no le ponemos un alto a la gula informativa.
Será que estoy medio viejo, pero recuerdo los tiempos en que ir a comprar un disco de vinyl al super, en la era previa al mixup, era todo un evento. Cortar el plástico, pero cuidando de que no se rasgara para que continuara protegiendo la portada. Sacar el disco sosteniéndolo por las orillas, poner la aguja encima con cariño y escucharlo con harta atención, con la expectativa de cuánto te iba a gustar cada canción, porque más valía que te gustara, para lo que te había costado! Cada canción era apreciada. Más aún si comprabas el cassette y no podías esquivar las canciones con la misma facilidad. Y aún si no lo comprabas y lo grababas del disco de alguien más, tenía que haber pasado fisicamente por tus manos, y más vale que se lo cuides a quien te lo prestó! Hoy veo pilas de CDs con o sin etiqueta, con o sin caja, escuchados o ignorados, sentados en escritorios, cubiertos de polvo y olvido.
Hoy todo es shuffle, playlists de 200 canciones y iPods® con 5 mil. La pasión por oir un álbum completo está casi extinta. Cuántas veces no ha pasado que oyes una canción en una fiesta o antro y te encanta, llegas a casa, la bajas y te das cuenta que ya la tenías en la computadora con otras 20 mil canciones que sólo están ahí para saciar la gula de la cuenta del iTunes®.
Soy férreo defensor de la piratería, pues siempre me ha parecido injusto que sólo puedas escuchar la música o ver las películas o leer las revistas, libros y cómics que te alcanza para comprar. Creo que hay que premiar con tu dinero las cosas bien hechas, para todo lo demás existe la piratería. Esto nos permite que mucha más gente tenga acceso a estos vehículos de la cultura.
Pero en algún momento hay que decir basta. En algún momento hay que detenerse a oler las flores, a ponerle verdadera atención a las artes y a absorver escencias, mensajes, melodías y sutilezas. Educar nuestra atención más allá de un single, de la vista pasajera sobre una foto sólo por que ahora es tan fácil producirlas.
Como diseñadores deberíamos escrudiñar con mayor cautela e intención nuestros gustos, nuestros incentivos, el baggage inspirador que nos habremos de echar al lomo. Son nuestro nutrimento para enriquecer nuestra cultura. No me entristecen tanto las malas canciones como las grandes canciones que se pierden en una interminable lista de mp3s, para nunca ser escuchadas. Nuestra habilidad para producir derrotó a nuestra capacidad de consumo.
Vamos por la producción consciente y sustanciosa. Volvamos a los discos que era necesario escuchar completos, en los que esquivar canciones sería un crimen. Aprovechemos que todos siempre cargan una cámara para tomar fotos interesantes y añadirlas a nuestro repertorio creativo, más allá del exhibicionismo del Facebook®.
En un mundo de comida rápida y miles de links, correos y social media, hoy diré basta, oleré las flores, escribiré y más tarde voy a escuchar The Dark Side of The Moon, que escucharlo entero siempre será un placer.