22 de enero de 2011

Límites e inteligencia




A todos nos gusta que nos sorprendan, pero a veces podemos ser medio mochos en nuestra permisividad hacia las sorpresas. Hoy descargué la nueva edición de Wired Magazine y me hace sentir un niño travieso y parte de una pandilla de gente que piensa diferente. No me quiero imaginar si estos temas fueran tratados de esta manera en México: Cómo hackear un cajero, cómo contrabandear cocaína, cuánto cuesta una 'chaqueta' o una 'mamada'. Y lo hacen sin pedir disculpas, sin tener que advertir 'niños, no hagan estos en casa' o 'Wired no condona estas actividades'. Hay un contrato de No Límites implícito entre los lectores y esta revista.
En México podemos ser muy mochos, condescendientes y autocomplacientes. Decimos que nos sabemos burlar de nosotros mismos, pero es es meramente superficial. Tenemos muchos tabús morales, nacionalistas y por supuesto editoriales. Aquí no puedes quemar una bandera, contar un chiste sobre 'Bomberito Juárez', decir cómo se hace una bomba Molotov (quizás si no decimos lo que sería lo mismo: cómo hacer una bomba Molotov) o poner en un libro de texto 'beneficios de los métodos anticonceptivos' por que no debemos hacer parecer que tienen 'beneficios' a los ojos de los alumnos menores de edad. Con estos límites también amputamos una pierna a nuestra creatividad y dejamos de hacer preguntas diferentes, para podernos mantener en el marco de lo apropiado. Hoy siento que aprendí con la revista, y no era lo que estaba escrito nada más, sino lo que me permitieron deducir de esa información. Fue una mirada intimista que me llevó a hacer mis deducciones, a más preguntas, hambriento por aprender más, y a inspiración para hacer cosas propias. Pero la mejor manera en que puedo ponerlo es que me hizo sentir inteligente. Y eso, hagas infografía, video, música o seas periodista, debe ser lo máximo a que debemos aspirar.