11 de agosto de 2010

Yo sólo sé que no sé nada

Y es que por azar, suerte, destino o lo que sea, acabé siendo diseñador. En serio no era mi intención. Sólo pasó. Y he andado ya este caminito por unos siete años. Mucho de ese tiempo con esa sensación funesta de que un día alguien me va a descubrir y decir: "Eh! no eres diseñador, verdad?!". No ha pasado, pero hay ocasiones en que siento que apenas esquivo la bala. Es en esas cosas pequeñas, que quedan fuera del terreno de la lógica, que tanto me ha ayudado, y que son parte de la teoría, de la estructura y lo académico del diseño. Van más allá de mi intuición y sencillamente no las sé.
Y luego vinieron más cosas, lidiar con editores, dirigir un equipo creativo, pláticas y talleres que impartir. Pero esa sensación de eterna fuga nomás no se va. He sido, a pesar de mi mal récord académico, un buen estudiante, y a cada oportunidad y por cada necesidad he tenido que crear fundamentos y enfocarme en entender, más allá de lo visceral, qué es lo que mueve mis impulsos creativos. Así, al escribir una plática o planear un taller soy yo el que está aprendiendo, estructurando los conocimientos, jalando de aquí y de allá piezas de un rompecabezas de una imagen que una vez terminada no sé qué será.
He aquí mi intento por aprender y enseñar lo que aprendo, si es que a alguien le puede servir. Esto es resultado por mi fascinación por lo editorial y el diseño, por comunicar, por el amor al trabajo y por el placer de la inmersión. Esto es por el gusto de aprender. Pero más que nada es una necesidad de ordenarme, comprender y encontrar la vereda. A donde sea que apunte el zapato.